Página 157 - Libro de Educación para la Ciudadanía de Segundo de Bachillerato

Organización democrática: el republicanismo en contraste con otras formas de organización política

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PROFUNDIZA TUS APRENDIZAJES DE LA SECCIÓN 1

saber que las etiquetas sólo se utilizan para la ropa! —afirmó Sara con rotundidad.

—¡Qué verdad más grande! —exclamó Enma, enseñando unos dientes muy igualitos y blancos.

—No es lo que uno tiene, sino lo que uno es. Debemos ser apreciadas no por nuestro físico o por nuestras capacidades, sino por ser personas. ¿Es que hay alguien que pueda hacerlo absolutamente todo? Cada persona es única. Tú eres única y yo también, no hay otra Enma ni otra Sara iguales a nosotras. Todos somos únicos, irrepetibles, imperfectos... —afirmó Sara.

—¡Ya lo creo! —contestó Enma.

—Por eso todos somos diferentes los unos de los otros. ¡Y menos mal! ¿Te gustaría ir al zoo y encontrarte muchos animales, pero todos idénticos? ¿Y un jardín con las mismas flores? ¿Y una tienda de chuches donde sólo tuvieran un único tipo de caramelos y del mismo sabor? ¿Y una tienda de juguetes con cien muñecas iguales? ¡Qué aburrido! ¡Sería un rollo! ¿Verdad? La variedad es divertida, es bonita... Todas las personas somos diversamente válidas y capaces. Somos diferentes pero también iguales —proclamó Sara.

—¿Diferentes pero también iguales? —repitió Enma, algo extrañada. —Claro. Porque todas las personas somos diversas, pero todas tenemos los mismos derechos. Ni uno más y ni uno menos —afirmó Sara, elevando ligeramente el tono de voz. —¿Sabes qué? Me encantaría poder llamar a una bruja buena para que hiciera un encantamiento que cambiara la forma de pensar y sentir de algunas personas. Y que se convirtieran en personas tolerantes y comprensivas con las que, por distintas razones, son más vulnerables... —dijo sonriendo y con gran dulzura.

—Y... ¿cómo te las arreglas para moverte con la silla de ruedas? —preguntó Enma con enorme curiosidad.

—Mi silla es mágica, ¿sabes? Tiene nombre: se llama Felicidad y le he puesto muchas pegatinas. ¡Mira qué chulas! —dijo Sara moviendo la silla para que su nueva amiga pudiera ver todos los adhesivos de los que presumía. —Le costó mucho dinero a mis padres —añadió con cierto tono de queja. —A veces salir a la calle es una auténtica odisea. ¡No te puedes ni imaginar! No sé cómo hacen las madres o padres con las sillitas de bebés o los cuidadores de personas mayores en sillas de ruedas. Pero la verdad es que esas barreras arquitectónicas no son tan preocupantes como las que no se ven: las mentales, las actitudes —añadió Sara. «A las arquitectónicas es sencillo eliminarlas. Basta con hacer que el entorno sea accesible e inclusivo», pensó para sus adentros.

—Mi vida cotidiana es tan solo un poco más difícil que la de las personas sin diversidad funcional. Bastaría con que todos se preocuparan de hacer fácil lo difícil, nada más. Si se eliminaran todas las barreras no habría personas con discapacidad: ¡Ojalá sucediera eso algún día! —deseó Sara, haciendo pensar a Enma. —La discapacidad hace repensar las cosas desde otro punto de vista. Por ello, moverte en silla de ruedas y tener las piernas como si estuvieran congeladas tiene cosas positivas —afirmó, alegrándosele la cara con enorme satisfacción. —No tengo miedo a caerme. No me provocan rozaduras los zapatos nuevos. No siento dolor en las piernas (si quieres, dame un pellizco o siéntate encima y podrás comprobarlo tú misma). Tengo los brazos fortísimos,